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Fiebre Tifoidea

Introducción y concepto

Introducción

La fiebre tifoidea es una infección bacteriana sistémica causada principalmente por Salmonella entérica  serotipo Typhi. Es una enfermedad que afecta principalmente a las áreas con saneamiento deficiente y acceso limitado a agua potable. La fiebre tifoidea se transmite a través de la ingestión de alimentos o agua contaminada con heces humanas infectadas. Esta enfermedad representa un importante problema de salud pública en muchos países en desarrollo, donde se presentan brotes significativos cada año.

 

La fiebre tifoidea se caracteriza por fiebre prolongada, malestar general, dolor abdominal y alteraciones gastrointestinales. En algunos casos, si no se trata adecuadamente, puede llevar a complicaciones graves como perforación intestinal y septicemia, lo que la convierte en una enfermedad potencialmente mortal.

Estimated national typhoid fever incidence* and typhoid conjugate vaccine introduction† status — worldwide, 2019 and 2022

Epidemiología

La fiebre tifoidea es endémica en muchas partes de Asia, África y América Latina, regiones donde el acceso a servicios de saneamiento y agua limpia es limitado. Se estima que cada año hay entre 11 y 20 millones de casos de fiebre tifoidea en todo el mundo, con aproximadamente 128.000 a 161.000 muertes relacionadas.

 

El único reservorio es el ser humano.

 

La fiebre tifoidea afecta predominantemente a niños y adultos jóvenes en regiones endémicas, y el riesgo es mayor en personas expuestas a alimentos o agua contaminados. Los viajeros que visitan áreas endémicas también están en riesgo, especialmente si no siguen adecuadamente las medidas preventivas como la vacunación y la higiene alimentaria

Global incidence of typhoid fever. Incidence rates per 100,000 person-years of observation for typhoid fever, by country, in 2019. Areas with the highest incidence are shown in red, and areas with the lowest incidence in blue.

Microbiología

El agente etiológico de la fiebre tifoidea es Salmonella enterica serotipo Typhi, un bacilo gramnegativo perteneciente a la familia Enterobacteriaceae. Existen otros serotipos, como Salmonella Paratyphi A, B y C, que causan una enfermedad similar conocida como fiebre paratifoidea, aunque tiende a ser menos grave.

 

A diferencia de otras especies de Salmonella no tifoideas, que pueden infectar a una variedad de huéspedes, S. Typhi está estrictamente adaptada a los humanos como su único reservorio. Las cepas de S. Typhi  han desarrollado varios mecanismos de virulencia, como la producción de una cápsula de polisacáridos Vi, que les permite evadir la respuesta inmune del huésped.

 

El genoma de S. Typhi  ha sido secuenciado completamente, lo que ha revelado su capacidad de adquirir resistencia a antibióticos a través de elementos genéticos móviles, como los plásmidos. La cepa H58, resistente a múltiples fármacos, ha emergido como una amenaza importante en Asia y África, complicando el tratamiento en estas regiones.

Salmonella typhimurium

Patogenia

El mecanismo de contagio de la fiebre tifoidea ocurre principalmente a través de la ingestión de alimentos o agua contaminados. Estas bacterias sobreviven al ácido gástrico y llegan al intestino delgado, donde penetran el epitelio a través de células M especializadas que recubren las placas de Peyer. Posteriormente, invaden los macrófagos intestinales y se diseminan a través del sistema linfático y el torrente sanguíneo, lo que provoca una bacteriemia sistémica.

 

Salmonella Typhi tiene la capacidad de invadir células del sistema reticuloendotelial (hígado, bazo y médula ósea), donde se multiplica. Durante esta fase, los pacientes desarrollan los síntomas sistémicos característicos de la enfermedad, como fiebre alta y malestar general. En algunos casos, los patógenos pueden persistir en la vesícula biliar, lo que lleva a una colonización crónica que convierte al individuo en portador asintomático (sucede en el 1-5% de los infectados), excretando bacterias a través de las heces por largos períodos.

Figura 1. Patogenia de la Fiebre tifoidea. La ingestión de Salmonella enterica subsp. enterica serovar Typhi (S. Typhi) y la invasión a través de la pared intestinal son típicamente asintomáticas, con un período de incubación de 5 a 7 días. Tras la diseminación primaria en el sistema linfático y sanguíneo, se establece una infección profunda y sistémica en el sistema reticuloendotelial, presentándose con bacteriemia secundaria y fiebre alta. Las complicaciones incluyen infecciones metastásicas focales en los tejidos. La colonización de la vesícula biliar por S. Typhi y la excreción de bacterias de vuelta al tracto gastrointestinal (GI) en la bilis infectada es un rasgo característico de la fiebre tifoidea y es la base para el estado crónico de portador a largo plazo y la transmisión. La reinfección de las placas de Peyer desde el lumen puede resultar en hemorragias gastrointestinales o perforación intestinal causada por placas de Peyer necróticas. La perforación intestinal también puede derivar en una infección sanguínea terciaria con una variedad de microorganismos entéricos luminales del intestino

Manifestaciones clínicas

La fiebre tifoidea tiene un periodo de incubación de aproximadamente 6 a 30 días, dependiendo de la dosis infecciosa y el estado inmune del huésped. Los síntomas de la fiebre tifoidea suelen aparecer de forma gradual y evolucionan a lo largo de varias semanas si no se trata adecuadamente. Las manifestaciones clínicas clásicas incluyen:

 

  1. Fiebre: Es el síntoma más destacado, con un patrón ascendente que alcanza temperaturas altas de hasta 40°C, y puede durar varias semanas si no se trata.
  2. Malestar general y fatiga: Los pacientes suelen experimentar debilidad extrema y sensación general de malestar.
  3. Síntomas gastrointestinales: Dolor abdominal, diarrea o estreñimiento. La diarrea es más común en niños, mientras que el estreñimiento es más frecuente en adultos.
  4. Manchas rosadas: En algunos pacientes, particularmente en la segunda semana de la enfermedad, pueden aparecer máculas rosadas en el tronco, conocidas como “roséola tifoidea”.
  5. Hepatoesplenomegalia: La fiebre tifoidea puede causar inflamación del hígado y el bazo, lo que se manifiesta como malestar en el cuadrante abdominal superior.
  6. Bradicardia relativa, lo cual es un hallazgo clásico.

 

 

Si no se trata, la fiebre tifoidea puede llevar a complicaciones graves como perforación intestinal, hemorragia gastrointestinal, y en casos extremos, shock séptico y muerte. La encefalopatía tifoidea se caracteriza por alteración del estado mental y delirio.

 

Los pacientes con fiebre paratifoidea suelen presentar síntomas similares pero en una forma más leve.

 

La fiebre tifoidea es una enfermedad sistémica que sigue un curso progresivo en cuatro fases, con síntomas característicos en cada una.

 

Fase 1: Primera semana (Días 1-7)

Comienzo insidioso con síntomas inespecíficos:

  • Fiebre gradual: La fiebre aumenta progresivamente y puede alcanzar los 38-39 °C.
  • Malestar general: Fatiga y debilidad progresiva.
  • Dolor abdominal: Leve, localizado en el epigastrio o cuadrante inferior derecho.
  • Cefalea: Dolor de cabeza intenso, usualmente en la región frontal.
  • Estreñimiento: Común en adultos, aunque algunos pueden presentar diarrea.

Durante esta fase, los síntomas son fácilmente confundidos con otras infecciones febriles, lo que retrasa el diagnóstico.

Fase 2: Segunda semana (Días 8-14)

Si no se instaura tratamiento, los síntomas se intensifican:

  • Fiebre sostenida: La temperatura se mantiene elevada (39-40 °C) sin variaciones diarias significativas.
  • Bradicardia relativa: A pesar de la fiebre alta, el pulso es inusualmente bajo.
  • Dolor abdominal: Se intensifica, acompañado de distensión abdominal.
  • Hepatoesplenomegalia: Aumento del tamaño del hígado y el bazo.
  • Roseolas tifoideas: Manchas rosadas en el abdomen, visibles en un tercio de los pacientes.
  • Diarrea o estreñimiento: La diarrea es más común en niños, mientras que los adultos pueden seguir con estreñimiento.
  • Confusión y letargo: Algunos pacientes desarrollan “estado tifoideo” con alteraciones mentales leves.

En esta fase, las manifestaciones clínicas son más evidentes, lo que facilita el diagnóstico clínico.

Fase 3: Tercera semana (Días 15-21)

En esta fase, la fiebre tifoidea puede complicarse gravemente:

  • Fiebre alta persistente: Continúa sin variación.
  • Complicaciones gastrointestinales: La hemorragia intestinal y la perforación del íleon son complicaciones graves. La perforación puede causar peritonitis, un cuadro potencialmente mortal.
  • Abdomen agudo: Dolor severo y rigidez abdominal.
  • Bacteriemia: Puede presentarse septicemia con síntomas de shock séptico, como hipotensión y fallo multiorgánico.
  • Alteraciones mentales severas: Delirio, letargo extremo o coma.

Estas complicaciones, especialmente la perforación intestinal, son la principal causa de mortalidad si no se interviene de manera adecuada.

Fase 4: Cuarta semana (Días 22 en adelante)

Si el paciente sobrevive sin tratamiento, la fiebre comienza a resolverse gradualmente:

  • Resolución lenta de la fiebre: La temperatura disminuye de forma progresiva.
  • Fatiga extrema: La debilidad y la pérdida de peso persisten por semanas o meses.
  • Recaídas: En un 10% de los casos, los síntomas reaparecen de manera más leve.
  • Estado de portador crónico: Entre el 1-5% de los pacientes pueden desarrollar un estado de portador crónico, eliminando S. Typhi en las heces por más de un año sin síntomas.

Complicaciones

Las complicaciones más temidas de la fiebre tifoidea incluyen:

  • Perforación intestinal y hemorragia.
  • Sepsis y shock séptico.
  • Complicaciones neurológicas, como encefalopatía y delirio.
  • Complicaciones renales y fallo multiorgánico.

El tratamiento temprano es esencial para evitar las complicaciones graves y mejorar el pronóstico

Tabla 1. Resumen de las manifestaciones clínicas de la fiebre tifoidea por fases

Diagnóstico

El diagnóstico de la fiebre tifoidea se basa en la combinación de hallazgos clínicos y pruebas de laboratorio. Las siguientes son las principales herramientas diagnósticas:

 

  1. Hemocultivo: Es el método de referencia para el diagnóstico de la fiebre tifoidea. Durante la primera semana de la enfermedad, el hemocultivo tiene una alta sensibilidad (40-80%), pero esta disminuye a medida que avanza la enfermedad.
  2. Coprocultivo y urocultivo: Son útiles en casos más avanzados o en pacientes que se han convertido en portadores crónicos. Aunque la sensibilidad es menor que la del hemocultivo, son útiles para identificar a los portadores de Typhi.
  3. Serología: La prueba de Widal, que mide anticuerpos contra los antígenos O y H de S. Typhi, ha sido utilizada históricamente, pero su fiabilidad es limitada debido a la alta prevalencia de falsos positivos en áreas endémicas.

PCR: En algunos centros, las pruebas de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) para la detección del ADN de S. Typhi pueden ser útiles para el diagnóstico rápido, especialmente en los primeros días de la infección

Tratamiento

El tratamiento de la fiebre tifoidea se basa en el uso de antibióticos efectivos para eliminar la infección bacteriana. Sin tratamiento, la fiebre tifoidea tiene una alta tasa de complicaciones graves y mortalidad. Las opciones de tratamiento incluyen:

  1. Fluoroquinolonas: Ciprofloxacino es una de las principales opciones en áreas donde no se ha documentado resistencia a este grupo de antibióticos. Se administra durante 7 a 10 días.
  2. Cefalosporinas de tercera generación: En áreas con alta prevalencia de cepas resistentes a fluoroquinolonas, se prefiere el uso de cefalosporinas como ceftriaxona o cefixima.
  3. Azitromicina: Se ha convertido en una alternativa útil en el tratamiento de la fiebre tifoidea, especialmente en pacientes que no responden a las fluoroquinolonas o cefalosporinas.
  4. Cloranfenicol: Este antibiótico, utilizado históricamente, ha caído en desuso debido a la aparición de cepas resistentes y a sus efectos secundarios hematológicos.

 

Las cepas multirresistentes (MDR), como la cepa H58, requieren tratamiento con ceftriaxona o azitromicina debido a su resistencia a múltiples fármacos de primera línea

Los portadores crónicos pueden necesitar tratamiento prolongado con antibióticos o colecistectomía si se detectan cálculos biliares, que son un reservorio común de la bacteria

Prevención

La prevención de la fiebre tifoidea es fundamental en áreas endémicas y en personas que viajan a zonas de riesgo. Las medidas preventivas incluyen:

 

  1. Vacunación: Existen dos vacunas disponibles para la prevención de la fiebre tifoidea:
    1. Vacuna inactivada inyectable (polisacárido Vi): Se administra una dosis única y ofrece protección durante aproximadamente 2 años.
    2. Vacuna oral atenuada (Ty21a): Se administra en una serie de 4 dosis y proporciona protección durante 5 años. No se recomienda en personas inmunodeprimidas.

 

La vacunación es especialmente recomendable para los viajeros que se dirigen a áreas endémicas y para poblaciones en riesgo que viven en esas zonas.

 

  1. Higiene y saneamiento: Mejorar el acceso a agua potable y la eliminación adecuada de excretas humanas es clave para reducir la transmisión de la fiebre tifoidea. La educación en higiene personal, incluyendo el lavado frecuente de manos y la preparación adecuada de alimentos, también es esencial.
  2. Evitar alimentos y bebidas de riesgo: Los viajeros deben evitar consumir alimentos o bebidas de fuentes no confiables, como vendedores ambulantes o agua no embotellada, en áreas endémicas.