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Sífilis

Treponema Palidum

Introducción y concepto

La sífilis es una infección de transmisión sexual (ITS) causada por la bacteria Treponema pallidum, una espiroqueta delgada y móvil. La enfermedad ha sido reconocida desde el siglo XV y ha pasado por diversas etapas epidemiológicas a lo largo de la historia, desde pandemias globales hasta períodos de declive con el uso generalizado de antibióticos, especialmente la penicilina.

A lo largo de la historia, ha sido conocida como “la gran imitadora” debido a su capacidad para presentar una amplia gama de manifestaciones clínicas, que frecuentemente se confunden con otras enfermedades.

La sífilis se caracteriza por una evolución clínica que se divide en varias etapas: primaria, secundaria, latente y terciaria. La falta de tratamiento puede conducir a complicaciones graves, como neurosífilis y sífilis cardiovascular, que pueden ser potencialmente mortales.

Epidemiología

La sífilis ha tenido una resurgencia significativa en las últimas décadas, especialmente en poblaciones vulnerables, como los hombres que tienen sexo con hombres (HSH) y personas con infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2020 se reportaron aproximadamente 7 millones de casos nuevos de sífilis en el mundo. La incidencia de la enfermedad varía ampliamente según la región, siendo más común en áreas de bajos recursos y con acceso limitado a los servicios de salud.

En los últimos años, se ha observado un aumento en la coinfección con VIH, lo que complica el curso de la enfermedad. Las personas que viven con VIH tienen mayor riesgo de desarrollar formas graves de sífilis, como neurosífilis y sífilis ocular, en etapas más tempranas que las personas sin VIH. Además, la transmisión materno-fetal, conocida como sífilis congénita, sigue siendo un problema de salud pública en muchos países en desarrollo.

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Microbiología

El agente etiológico de la sífilis es Treponema pallidum subespecie pallidum. Esta espiroqueta es un microorganismo altamente móvil que mide entre 6 y 15 micrómetros de longitud y entre 0,1 y 0,2 micrómetros de ancho. La estructura helicoidal de la bacteria le permite moverse a través de los tejidos de manera eficiente. La espiroqueta no puede cultivarse en medios de laboratorio tradicionales, lo que limita las herramientas de diagnóstico directo.

La bacteria tiene una membrana externa sin lipopolisacáridos, lo que le permite evadir el sistema inmunológico del huésped en las primeras fases de la infección. Este mecanismo de evasión inmunológica es una de las razones por las que la sífilis puede permanecer en el organismo en un estado de latencia durante muchos años

Treponema Palidum

Patogenia

La sífilis es una enfermedad multisistémica que progresa a través de diferentes etapas clínicas, con la espiroqueta diseminándose por todo el cuerpo poco después de la infección inicial. Tras la inoculación, T. pallidum entra en el cuerpo a través de microabrasiones en la piel o membranas mucosas, generalmente durante el contacto sexual. La espiroqueta se disemina rápidamente a través del sistema linfático y el torrente sanguíneo.

La respuesta del huésped frente a T. pallidum incluye una activación del sistema inmune innato, mediado por macrófagos y linfocitos T, que pueden limitar la multiplicación bacteriana, pero raramente eliminan completamente el organismo sin tratamiento. Las espiroquetas pueden invadir casi todos los tejidos y órganos, lo que explica las variadas manifestaciones clínicas de la enfermedad.

Durante las etapas tempranas de la sífilis, el sistema inmunológico puede contener parcialmente la infección, pero si no se trata, la espiroqueta puede evadir el sistema inmune y persistir en un estado latente durante años, lo que puede llevar a complicaciones graves, como neurosífilis y sífilis cardiovascular

Manifestaciones clínicas

La sífilis es una enfermedad crónica de curso variable, conocida por su capacidad para presentar síntomas en múltiples etapas. Cada fase de la enfermedad muestra un espectro clínico distinto, que puede confundirse con otras patologías debido a su presentación diversa. A continuación, se describen las manifestaciones clínicas de las diferentes etapas de la sífilis:

  1. Sífilis Primaria

La sífilis primaria se caracteriza por la aparición de una lesión conocida como chancro. El chancro es una úlcera indolora que aparece en el lugar de entrada de la espiroqueta Treponema pallidum. Generalmente, se observa en los genitales, pero puede aparecer en otras áreas como la boca, el recto o el cuello uterino. Tiene bordes elevados, base limpia y es altamente contagioso. El chancro aparece entre 10 y 90 días después de la exposición y, aunque desaparece espontáneamente en 3 a 6 semanas sin tratamiento, la infección persiste y progresa a la siguiente etapa si no se trata​.

 

  1. Sífilis Secundaria

La sífilis secundaria se presenta semanas o meses después de la resolución del chancro. Durante esta fase, el T. pallidum se disemina por todo el cuerpo, lo que provoca un exantema cutáneo generalizado, que frecuentemente afecta las palmas de las manos y las plantas de los pies, una característica distintiva de esta etapa. Además del exantema, las manifestaciones incluyen síntomas constitucionales como fiebre, fatiga, linfadenopatía generalizada, malestar, pérdida de peso y alopecia en parches. Las lesiones mucosas, como condilomas planos en áreas húmedas del cuerpo (como la región anogenital), son altamente contagiosas. La afectación hepática con hepatitis sifilítica y las lesiones óseas o renales son complicaciones menos comunes pero posibles. Al igual que en la fase primaria, los síntomas de la sífilis secundaria desaparecen espontáneamente, pero la infección persiste​.

 

  1. Sífilis Latente

En la fase de sífilis latente, no se observan manifestaciones clínicas. Esta etapa se divide en latente temprana (dentro del primer año después de la infección) y latente tardía (más de un año después). Aunque la enfermedad no presenta síntomas visibles en esta fase, las pruebas serológicas permanecen positivas, y la espiroqueta sigue presente en el cuerpo. En cualquier momento, la enfermedad puede reactivarse y progresar a sífilis terciaria​.

 

  1. Sífilis Terciaria

La sífilis terciaria puede desarrollarse entre 10 y 30 años después de la infección inicial en individuos no tratados. Esta fase se caracteriza por daños graves a diversos órganos, con la formación de gomas, lesiones granulomatosas destructivas que pueden afectar la piel, los huesos y otros tejidos. Las complicaciones cardiovasculares incluyen aortitis sifilítica, que puede provocar aneurismas y regurgitación aórtica. Además, la neurosífilis es una complicación grave, que puede presentarse en cualquier fase, aunque es más común en la etapa terciaria. Las manifestaciones neurológicas incluyen demencia, cambios en la personalidad, parálisis progresiva y tabes dorsal (una afección que afecta la coordinación y la marcha, con dolor intenso y afectación de los nervios sensitivos)​.

 

  1. Neurosífilis

La neurosífilis puede manifestarse en cualquier fase de la enfermedad, aunque es más frecuente en la fase tardía. Se clasifica en formas tempranas (asintomática, meningitis sifilítica y meningovascular) y tardías (parálisis general y tabes dorsal). Los síntomas incluyen cefalea, confusión, rigidez de cuello, alteraciones visuales, auditivas y problemas neurológicos progresivos como demencia y alteraciones motoras:

 

  • Neurosífilis Temprana:
    • Asintomática: Aunque no presenta síntomas evidentes, los pacientes pueden mostrar alteraciones en el análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR), como pleocitosis linfocítica y niveles elevados de proteínas. Este estado puede evolucionar a formas más graves sin tratamiento.
    • Meningitis sifilítica: Ocurre dentro del primer año tras la infección y se caracteriza por cefalea, rigidez de cuello, náuseas, vómitos y, en algunos casos, alteraciones visuales y auditivas (neuritis óptica, otosífilis). También puede afectar los nervios craneales, en particular los pares óptico, auditivo y facial.
    • Meningovascular: Se caracteriza por una vasculitis que afecta los vasos del cerebro y la médula espinal, lo que puede provocar accidentes cerebrovasculares (ictus) en personas jóvenes.

 

  • Neurosífilis Tardía:
    • Parálisis general: Esta forma afecta el parénquima cerebral y se presenta como una demencia progresiva con síntomas de olvido, cambios de personalidad y deterioro cognitivo severo. Otros signos incluyen disartria, hipotonia y temblores intencionales.
    • Tabes dorsal: Afecta las columnas dorsales de la médula espinal, causando ataxia sensorial, dolor lancinante intenso y alteraciones en los reflejos profundos. El signo clásico es la pupila de Argyll Robertson, que responde a la acomodación, pero no a la luz

 

  1. Sífilis Congénita

En los recién nacidos, la sífilis congénita puede manifestarse en formas tempranas o tardías. Las manifestaciones tempranas incluyen erupciones cutáneas, hepatomegalia, ictericia y problemas respiratorios. Las tardías, que aparecen en la infancia o la adolescencia, incluyen deformidades óseas, sordera neurosensorial y problemas dentales​.

Tabla 1. Resumen de las manifestaciones clínicas por fases

Diagnóstico

El diagnóstico de la sífilis depende de una combinación de hallazgos clínicos y pruebas de laboratorio. Dado que T. pallidum no puede cultivarse en medios convencionales, el diagnóstico se basa en la detección indirecta de la bacteria a través de pruebas serológicas. Las pruebas de detección y confirmación son las más utilizadas.

  1. Pruebas No Treponémicas

Las pruebas no treponémicas, como la prueba de reagina plasmática rápida (RPR) y la prueba de laboratorio de investigación de enfermedades venéreas (VDRL), son utilizadas para el diagnóstico inicial y el seguimiento del tratamiento. Estas pruebas detectan anticuerpos dirigidos contra componentes lipídicos liberados por células dañadas por la infección, no contra el T. pallidum en sí.

Estas pruebas suelen volverse positivas aproximadamente 1 a 2 semanas después del chancro primario (3-6 semanas después de la infección inicial)

Son útiles para medir la actividad de la enfermedad, ya que los títulos disminuyen con el tratamiento efectivo. Sin embargo, estas pruebas pueden generar falsos positivos en situaciones como lupus eritematoso sistémico, hepatitis y embarazo, entre otras​.

 

  1. Pruebas Treponémicas

Las pruebas treponémicas, como la prueba de absorción de anticuerpos fluorescentes treponémicos (FTA-ABS) y la aglutinación de partículas de T. pallidum (TP-PA), detectan anticuerpos específicos contra Treponema pallidum.

Estas pruebas aparecen más tempranamente que las reagínicas, en las primeras semanas de la infección, y suelen ser positivas desde las primeras etapas de la enfermedad. Permanecen positivas de por vida, incluso después del tratamiento, por lo que no son útiles para monitorizar la respuesta terapéutica. Se emplean para confirmar el diagnóstico en pacientes con pruebas no treponémicas positivas.

 

  1. Diagnóstico de Neurosífilis

El diagnóstico de neurosífilis requiere un alto índice de sospecha clínica, especialmente en pacientes con manifestaciones neurológicas o aquellos coinfectados con VIH. Se recomienda realizar una punción lumbar para el análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR). Un VDRL reactivo en el LCR confirma el diagnóstico, aunque tiene baja sensibilidad. Otros hallazgos incluyen pleocitosis linfocítica, aumento de proteínas en el LCR y, en algunos casos, un FTA-ABS positivo​​.

 

  1. Cribado Prenatal

El cribado universal de sífilis en embarazadas es esencial para prevenir la sífilis congénita. Las pruebas no treponémicas, como el VDRL y el RPR, son preferidas en este contexto​.

 

En la actualidad también disponemos de pruebas treponémicas automatizadas de enzimoinmunoanálisis (EIA) y de quimioluminiscencia (CIA) que son técnicas serológicas para detectar anticuerpos específicos (IgG e IgM) frente a Treponema pallidum:

  • Enzimoinmunoanálisis (EIA):
    • Utiliza una reacción enzimática que genera un cambio colorimétrico al detectar la presencia de anticuerpos contra pallidum.
    • Es una prueba automatizada con alta sensibilidad y especificidad, útil para el cribado y confirmación del diagnóstico de sífilis.
  • Quimioluminiscencia (CIA):
    • Similar al EIA, pero genera una señal luminosa en lugar de color, lo que permite una detección rápida y precisa.
    • Es ideal para laboratorios con alto volumen de muestras debido a su velocidad y automatización.

 

Ambas pruebas son utilizadas principalmente para el diagnóstico inicial, ya que detectan tanto infecciones recientes como pasadas, pero no se usan para monitorizar el tratamiento, ya que los anticuerpos treponémicos pueden permanecer positivos de por vida. Son herramientas importantes para la detección de sífilis en grandes poblaciones debido a su capacidad para ser automatizadas, mejorando la eficiencia diagnóstica en laboratorios.

Tabla 2. Pruebas para el Diagnóstico de la Sífilis
Tabla 3. Interpretación de Pruebas de Diagnóstico de Sífilis: RPR y FTA-ABS

!Cuidado con el Efecto Prozona¡

El efecto prozona es un fenómeno inmunológico que puede ocurrir en pruebas serológicas como las utilizadas para diagnosticar la sífilis, como el VDRL o el RPR. Se presenta cuando existe una cantidad excesivamente alta de anticuerpos en la muestra del paciente, lo que paradójicamente resulta en un falso negativo o una reacción menos intensa de lo esperado.

En condiciones normales, los anticuerpos y los antígenos forman complejos visibles que pueden ser detectados. Sin embargo, en el efecto prozona, los altos niveles de anticuerpos saturan los sitios de unión del antígeno, impidiendo la formación de los complejos de gran tamaño que son necesarios para que la reacción sea detectada correctamente. Esto puede dar lugar a resultados que sugieren que no hay infección activa, cuando en realidad el paciente tiene una carga alta de la enfermedad.

Este efecto es especialmente relevante en casos de sífilis secundaria o coinfección con VIH, donde los niveles de anticuerpos pueden ser extremadamente elevados. Para corregir este efecto, los laboratorios suelen diluir la muestra y volver a realizar la prueba, lo que permite una mejor interpretación de los resultados.

El efecto prozona subraya la importancia de interpretar cuidadosamente los resultados de laboratorio, especialmente en pacientes con alta sospecha clínica de sífilis

Tratamiento

El tratamiento de la sífilis se basa en el uso de antibióticos, siendo la penicilina G la primera línea de tratamiento en todas las etapas de la enfermedad.

  1. Sífilis primaria, secundaria y latente temprana: La pauta recomendada es una dosis única de 2.4 millones de unidades de penicilina G benzatina intramuscular. En pacientes alérgicos a la penicilina, se pueden considerar alternativas como la doxiciclina o la tetraciclina, aunque la penicilina sigue siendo el tratamiento más eficaz.
  2. Sífilis latente tardía o de duración desconocida: El tratamiento consiste en tres dosis de 2.4 millones de unidades de penicilina G benzatina intramuscular administradas a intervalos semanales durante 3 semanas.
  3. Neurosífilis: El tratamiento requiere penicilina G intravenosa, generalmente 18 a 24 millones de unidades al día, administradas cada 4 horas o mediante infusión continua durante 10 a 14 días. Alternativamente, la procaína penicilina junto con probenecid puede ser utilizada. Los pacientes con neurosífilis deben someterse a un seguimiento cada 6 meses con análisis de LCR para asegurar la resolución de la infección​​.
  4. Sífilis congénita: El tratamiento incluye penicilina G intravenosa o intramuscular dependiendo de las manifestaciones clínicas, con dosis ajustadas para neonatos.

Los pacientes deben ser monitorizados clínicamente y mediante pruebas serológicas tras el tratamiento para confirmar la disminución de los títulos de anticuerpos y garantizar la resolución de la infección.

En los casos de alergia a la penicilina, se puede considerar la desensibilización o el uso de alternativas como la doxiciclina o ceftriaxona, aunque la penicilina sigue siendo la opción preferida para el tratamiento.

Tabla 4. Tratamiento de la Sífilis

Nota: En casos de neurosífilis o sífilis ocular, la penicilina G acuosa es el tratamiento preferido, y el seguimiento con análisis de líquido cefalorraquídeo (LCR) es esencial para monitorizar la respuesta al tratamiento​​.

Prevención

La prevención de la sífilis se basa en estrategias individuales y de salud pública. Entre las medidas preventivas se incluyen:

  1. Educación sexual: Promover el uso de preservativos y la reducción de parejas sexuales es clave para prevenir la transmisión de la sífilis y otras ITS.
  2. Pruebas regulares: En poblaciones de riesgo, como los HSH y personas que viven con VIH, se recomienda la detección periódica de sífilis mediante pruebas serológicas. La detección temprana permite un tratamiento oportuno y evita la progresión de la enfermedad.
  3. Tratamiento de parejas sexuales: Es fundamental tratar a las parejas sexuales de pacientes diagnosticados para evitar la reinfección.
  4. Atención prenatal: Las mujeres embarazadas deben someterse a pruebas de sífilis en la primera consulta prenatal y, si es necesario, en trimestres posteriores, para prevenir la sífilis congénita.